Plantas diminutas y hongos micorrícicos, los grandes aliados del medio ambiente para remediar la contaminación del suelo
En zonas urbanas, la contaminación del suelo es consecuencia directa de actividades industriales y domésticas. Restos de aceites, humo de estufas a leña y gases emitidos por automóviles liberan compuestos tóxicos que se depositan en la superficie. Entre ellos, los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (HAP) son especialmente peligrosos por su capacidad de afectar tanto a los ecosistemas como a la salud humana.
Un estudio del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo), en colaboración con la Universidad de Granada, reveló que un tipo particular de planta, las hepáticas, podría convertirse en una poderosa herramienta para recuperar suelos contaminados. Su efectividad aumenta cuando se asocia con hongos micorrícicos arbusculares en un proceso de simbiosis.
Las hepáticas crecen formando alfombras verdes en zonas húmedas. Este patrón de crecimiento les permite actuar directamente sobre la capa superficial del suelo, donde se acumulan los HAP y otros contaminantes. Los ensayos mostraron que pueden absorber casi por completo estos compuestos, devolviendo vitalidad al terreno.
Otra ventaja es su rápido ciclo de regeneración. Incluso si se las retira, en tan solo 15 días pueden volver a cubrir el área afectada. Esto las convierte en candidatas ideales para procesos continuos de limpieza de espacios degradados.
Aunque las hepáticas y su asociación con hongos ofrecen una estrategia eficaz, existen otros métodos naturales capaces de remediar suelos contaminados. Entre ellos, destaca la fitorremediación con especies de raíces profundas, como álamos y sauces, que extraen metales pesados y contaminantes desde capas más hondas.
Otra técnica es la biorremediación bacteriana, que emplea microorganismos capaces de degradar hidrocarburos y pesticidas, transformándolos en compuestos no tóxicos. Estas bacterias se pueden aplicar directamente sobre el terreno o en entornos controlados, como biorreactores, antes de devolver el suelo tratado.
También existe la micorremediación, que utiliza hongos especializados para descomponer contaminantes complejos, incluidos solventes industriales y restos de plásticos. Los hongos liberan enzimas que desintegran las moléculas peligrosas, permitiendo que el suelo recupere su equilibrio químico y biológico.
El uso combinado de estas estrategias multiplica las posibilidades de recuperación ambiental. Adaptar el método a cada tipo de contaminación y a las características del terreno es clave para lograr resultados duraderos y sostenibles.
El valor ecológico de esta estrategia no solo reside en su capacidad de limpieza, sino también en su bajo impacto ambiental y en la posibilidad de aplicarla en entornos sensibles sin dañar la biodiversidad local. Se trata de un ejemplo concreto de cómo la ciencia puede inspirarse en la naturaleza para enfrentar desafíos ambientales cada vez más urgentes.
El hallazgo también aporta preguntas nuevas: cómo se transportan los contaminantes dentro de la planta, qué mecanismos regulan este proceso y si es posible optimizarlo para aumentar la eficiencia. Resolver estas incógnitas permitirá perfeccionar la técnica y ampliar su uso en diferentes contextos.
Fotografía y texto: Notas Ambientales
10 agosto 2025