Alerta roja por el frío polar en España: el país europeo registró temperaturas récord de hasta -17 °C
El inicio de enero quedó marcado por un frío intenso y persistente en gran parte de España. Así, la alerta roja se activó en Parameras de Molina, en Guadalajara, ante mínimas excepcionales, como también se activaron avisos naranjas y amarillos, que se extendieron por amplias regiones del interior.
Durante la madrugada del Día de Reyes, los termómetros cayeron de forma abrupta. En zonas de montaña se alcanzaron valores cercanos a los −17 °C. Mientras tanto, Molina de Aragón registró algunas de las temperaturas más bajas de España.
Este escenario invernal no fue un evento aislado. Por el contrario, se inscribe en una sucesión de episodios extremos cada vez más frecuentes. Así, el frío volvió a poner a prueba infraestructuras y rutinas cotidianas.
Con el avance del frío, la circulación se volvió más compleja en rutas secundarias y de montaña. Por ello, las autoridades recomendaron extremar precauciones y evitar desplazamientos innecesarios. Además, las heladas persistentes afectaron caminos rurales y accesos a pequeñas localidades.
A su vez, el episodio coincidió con una jornada festiva de alta movilidad. Esto incrementó el riesgo de accidentes y obligó a reforzar los avisos preventivos. De este modo, la planificación se volvió clave para reducir impactos.
Lejos de disiparse, el episodio continuó con nuevas madrugadas gélidas. Las previsiones indicaron mínimas por debajo de −10 °C en amplias zonas del Pirineo. Asimismo, los páramos del noreste peninsular mantuvieron valores extremadamente bajos.
Las bajas temperaturas afectan directamente a la salud humana. El riesgo de hipotermia aumenta, especialmente en personas mayores y niños. Además, se agravan enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Al mismo tiempo, el frío extremo impacta sobre el medio ambiente. La fauna silvestre enfrenta dificultades para alimentarse y desplazarse. Por ello, se incrementa la mortalidad en especies menos adaptadas.
También los ecosistemas sufren alteraciones. Las heladas prolongadas dañan suelos, cultivos y vegetación nativa. Así, el equilibrio ecológico queda comprometido incluso después de que el frío cede.
Fotografía y texto: Notas Ambientales
07 enero de 2026