La iguana rosada de Galápagos lucha por sobrevivir en el volcán Wolf
En la cima del volcán Wolf, en las Islas Galápagos, habita una de las especies más raras del mundo. La iguana rosada, identificada oficialmente en 2009, vive únicamente en este sector de la Isla Isabela, dentro de un territorio extremadamente reducido.
Su hábitat se limita a unos 1,25 kilómetros en las laderas del volcán. Esta distribución tan restringida convierte a la especie en una de las más vulnerables del planeta. Si desaparece de ese lugar, se extinguiría definitivamente.
Actualmente, los científicos estiman que existen entre 200 y 300 individuos. Aunque pueden vivir hasta 60 años, su lenta reproducción dificulta la recuperación de la población.
El mayor riesgo para las iguanas rosadas proviene de especies introducidas en las islas hace siglos. Ratas y gatos ferales llegaron junto a navegantes, piratas y balleneros, alterando profundamente los ecosistemas insulares.
Estos animales localizan los nidos por el olor y se alimentan tanto de los huevos como de las crías recién nacidas. Este problema afecta especialmente a los juveniles, que no pueden defenderse durante los primeros años de vida.
La etapa más crítica ocurre entre el nacimiento y los cuatro años de edad. Solo después de ese periodo los individuos alcanzan un tamaño suficiente para enfrentar a algunos depredadores.
La incubación de los huevos también presenta desafíos. Puede durar entre 100 y 170 días y depende de condiciones térmicas estables cercanas a los 30 grados. Por esa razón, las iguanas excavan nidos profundos que mantienen la temperatura necesaria para el desarrollo embrionario.
La protección de la iguana rosada requiere un trabajo constante en un entorno geográfico extremadamente exigente. El volcán Wolf se eleva hasta unos 1.700 metros y su acceso implica largas caminatas en condiciones climáticas variables.
Los equipos científicos permanecen durante varios días en campamentos instalados en la montaña para monitorear a la especie. Desde allí realizan recorridos para localizar nidos y controlar depredadores invasores.
El control de ratas y gatos se realiza mediante trampas, cebos protegidos y cámaras trampa que permiten identificar su presencia. Estas herramientas ayudan a reducir la presión sobre los nidos. Las investigaciones también incluyen estudios genéticos y monitoreos ecológicos destinados a comprender mejor la evolución de la especie.
Fotografía y texto: Notas Ambientales
10 marzo de 2026